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La zona (con spoilers)

 
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MensajePublicado: Lun Nov 19, 2007 2:40 pm    Título del mensaje: La zona (con spoilers) Responder citando



Justo la semana pasada un arquitecto me estuvo hablando largo y tendido, durante una excursión, de la tendencia de las ciudades contemporáneas a fragmentar el espacio público en colonias privadas. Me decía que los ayuntamientos se las ven y se las desean para imponer a los promotores la obligación de facilitar el acceso a los nuevos barrios residenciales, porque ni los promotores ni los residentes de esos nuevos barrios quieren que el acceso sea fácil: los quieren segregados, y con accesos perfectamente controlables. Urbanizaciones dentro de la ciudad, en definitiva. A eso vamos, me decía él: dos mil años (desde que lo popularizaron los romanos) de urbanismo basado en modelos reticulares, en los que cada punto de la ciudad aspira a una conexión óptima con cualquier otro punto... y eso se está acabando, porque lo que hoy en día se busca son islas; ubicadas lo más cerca posible del centro, pero verdaderas islas residenciales. Me habló, como ejemplo, de una ‘ciudad dentro de la ciudad’ que existe en Buenos Aires, con más de 150.000 habitantes, que por supuesto se autoabastece de todo tipo de servicios comerciales, sanitarios y educativos, pero en la que además los diferentes niveles de acceso están controladísimos. ‘Alguna vez querré visitarla’, me decía, ‘pero no podré si no me invita y me acredita uno de los residentes de los núcleos centrales’. Aunque, desde su punto de vista, ésta no es una peculiaridad de los países del sur: es también un fenómeno imparable y preocupante en nuestras propias ciudades, cada vez más tendentes a la proliferación de ‘urbanizaciones’ deliberadamente desconectadas entre sí en sus zonas de crecimiento. Bien... estoy convencida de que mi amigo urbanista me quiere porque nadie le da más cuerda que yo para hablar de lo que le apasiona, pero realmente el relato me pareció fascinante.

Hace mes y pico también Travis meditaba sobre la figura del ‘vigilante’ en el cine a propósito de la última película de Neil Jordan (que nunca he llegado a ver... me desanimó) y de su posible reelaboración en el contexto de la paranoia ‘post-11S’.

Ayer fui a ver La zona, y no sabía (tenía una idea muy vaga de qué iba esta película) que mi conversación de la semana pasada y la reflexión de Travis convergían de tal modo en ella.

La zona es la primera película de Rodrigo Pla, un uruguayo asentado en México, y es una coproducción hispano-mexicana (con participación de todas nuestras cadenas de televisión autonómicas... y alguna que otra que han debido inventarse para los títulos de crédito, porque yo creo que no hay tantas). A mí las películas normalmente me cuestan un buen rato de asimilación, pero ésta me costó un rato quizá aún más largo de lo habitual. Tal vez porque no me pareció en términos generales una buena película, y sin embargo tenía muchos elementos para serlo.

‘La zona’ es una colonia residencial de alto standing (pero muy similar a cualquier urbanización en las afueras de nuestras ciudades) en lo que se supone que es México DF, separada de la miseria vecina por una alambrada de púas y cámaras de vigilancia (¿Cómo le voy a explicar a mi hijo, cuando empiece a preguntar, por qué vivimos tras un muro?, dice uno de sus personajes en el curso de la película). En ella vive un conjunto de gente más o menos rica que ha elegido protegerse de este modo de la peligrosidad de las calles de la gran ciudad, peligrosidad alentada por la inoperancia y la corrupción policial y judicial, según dejan entrever algunos relatos. Su segregación de su entorno es tal que la propia policía ha de pedir orden judicial para entrar en ‘la zona’, puesto que la comunidad de vecinos tiene derecho a autorregularse en todos los sentidos y a restringir el acceso de cualquier no residente mientras no se produzcan delitos de sangre. El conflicto se desencadena una noche de tormenta, en que la caída de un enorme anuncio publicitario sobre el muro de alambre inutiliza los sistemas de vigilancia de la colonia y da ocasión para que tres manguis del suburbio vecino se cuelen a robar en una de las casas. Sorprendidos in fraganti por la dueña, acaban matándola; un guardia de seguridad privada de ‘la zona’ mata a su vez a dos de ellos cuando huyen, y un vecino aterrado mata también por accidente al propio guardia. El tercer mangui, el más joven de ellos, escapa y se esconde en el trastero de una de las residencias de la colonia. A partir de ese momento, el problema de la comunidad de vecinos es doble: por un lado, pretenden ocultar a la policía las cuatro muertes con el fin de no perder el privilegio de autorregulación que les ampara; por otro lado, quieren encontrar al mangui superviviente con el fin de vengar la muerte de la residente.

Ésta es una de esas películas que, lamentablemente, va de más a menos. El inicio de la película me pareció espléndido. Espléndidas son las imágenes iniciales que se pasean por ‘la zona’, combinando el punto de vista de las cámaras de vigilancia del centro de control de la seguridad privada y la imagen ‘exterior’ de casas rosadas y ambiente idílico, hasta acabar mostrando su segregación de la miseria vecina por una alambrada de púas y cámaras de vigilancia. También son magníficas las imágenes, casi surrealistas en el retrato de la desolación exterior, de la tormenta que da ocasión para que los tres manguis del poblado contiguo se cuelen a robar en la urbanización: de hecho, creo que lo que más tiempo recordaré de esta peli es la imagen del autobús abandonado en que se refugian los manguis de la tormenta junto al enorme cartel derribado que les sirve de improvisada escalera sobre el muro de alambre. Todo el conflicto inicial se cuenta con gran economía narrativa, sin un segundo de más (ni de menos), y con imágenes que son muy sugerentes pese al aparente realismo de la fotografía. El planteamiento del conflicto, el dibujo inicial de los personajes (suficientemente diversos como para garantizar una cobertura de diversos puntos de vista), el clima tan selecto como oscuro de las asambleas vecinales, la hostilidad y el recelo del policía que ha recibido un soplo hacia el grupo de privilegiados que pueden pagarse semejante aislamiento del ‘mundo real’ y escapar a su jurisdicción... todo eso me parece que está espléndidamente contado. Durante los primeros cuarenta y cinco minutos de película, me tragué todo lo que me contaban sin una vacilación, la verdad sea dicha.

Luego, a la hora de película, empieza a parecerme que al director se le va de las manos. Para empezar, en el doble conflicto que afrontan los residentes (ocultar los hechos y encontrar al chaval superviviente) va ganando cada vez más protagonismo ‘la caza del hombre’, cuando a mí me parece que hubiera dado tanto más de sí el juego de recelos mutuos que se pone de manifiesto en el interés por evitar la intrusión policial. Además, al hilo de esto los personajes inicialmente tan prometedores empiezan a hacer aguas por todas partes: el personaje potencialmente complejo y ‘civilizado’ del padre del adolescente protagonista (Daniel Giménez Cacho) no evoluciona un ápice e increíblemente se deja ganar del todo por una comunidad de vecinos ostensiblemente menos inteligente y reflexiva que él; el propio chaval (Daniel Tovar) muestra una conversión milagrosa de hijo de papá descerebrado a individuo con conciencia que dos charlas con el adolescente atrapado no justifican; las caras de ingenuidad del mangui superviviente y de su novia (que parecen no haber roto un plato en su vida) cantan a distancia y no hubieran sido necesarias para poner en evidencia la irracionalidad y la brutalidad que genera el miedo de quienes le persiguen. En definitiva... llegado un momento, el guión se quita de encima de un plumazo el problema de la investigación policial (mediante un giro de guión un poco increíble además) y opta por desarrollar el argumento de la ‘caza del hombre’ con un tono efectista y moralizante, y (lo que es casi peor) con un desenlace previsible desde muy pronto que lastra el ritmo irremediablemente: si desde más o menos la mitad de la película ya sabes que lo van a encontrar y lo van a linchar, ¿tiene mucho sentido prolongar una hora más el desenlace? Es verdad que este lado del argumento permite al director otra colección de imágenes sugerentes que muestran el aislado reducto idílico como una cárcel de la cual es imposible salir... pero eso no justifica ni redime la obviedad del desarrollo.

Total... que me pareció una auténtica pena esa forma de dejar escapar tontamente las mejores posibilidades y las mejores virtudes del planteamiento inicial para deslizarse hacia un discurso moral que de tan subrayado resulta casi insultante. Aunque también es cierto que, si la peli no hubiera empezado tan bien, no me hubiera generado ni la mitad de expectativas.
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MensajePublicado: Lun Nov 19, 2007 2:40 pm    Título del mensaje: Enlaces Patrocinados



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Travis
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MensajePublicado: Dom Nov 25, 2007 9:47 pm    Título del mensaje: Responder citando


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Yo cre que el problema de la pelicula es que no se decide a tirar con fuerza en ninguno de los dos sentidos posibles. Ni tira por el lado realista ni por el lado metafórico y al final uno no sabe que está viendo.
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